La huella orgánica

Posted on 11 mayo 2009

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Arroyo del Toro, Tamboril.- Carmelo Carela tiene dos amores. Amanece con uno, su esposa Carmen Martínez y a las seis de la mañana corre a acariciar el otro, la tierra. A ésta la fecunda con sus manos, la surca en terrazas y le espanta con humus de lombriz el filo de las plagas que acechan su verdor. Carmelo es productor agrícola.
Siembra lechuga, repollo, apio, pepino, ruda, romero, ajíes, brócoli y otros productos utilizando herramientas de la agricultura orgánica.

Con botas plásticas rozando las rodillas, el sembrador de la empinada comunidad Arroyo del Toro en el corazoncito de la Cordillera Septentrional, sube al fogón al mediodía para saborear “el jervío” y los víveres que tanto le gustan.

Su cosecha no lo baña en billetes, pues no es dueño de miles de tareas y tampoco cuenta con la costosa certificación que le abriría grandes mercados. Pero la alegría de Carmelo descansa en el orgullo de que sus productos no sean bañados del veneno empacado en el rótulo de “fertilizante químico” Al sembrar y consumir, la agricultura orgánica es lo más saludable pero prima el uso y abuso de químicos.

El campesino, atento a los humores de su tierra, es suelto delatando sus secretos.

En la agricultura orgánica, el ají picante es excelente insecticida y para evitar que la lluvia arrastre nutrientes del suelo, siembra en terrazas y hace barreras “muertas” y “vivas” para controlar el agua y evitar erosión. Aparte de bondadoso, Carmelo es famoso por el humus de lombriz que procesa naturalmente.

(+) DESDE LA TIERRA Y DE MANERA NATURAL

PRODUCCIÓN: En Arroyo del Toro se produce, ñame, tayota, habichuelas, ruda, perejil, recao, romero, toronjil, menta, apio, coliflor, brócoli, hierbabuena, tomate, lechuga, repollo, ajíes, maiz, puerro, pepino, entre otros vegetales.

AGRICULTURA ORGÁNICA: El programa de Misión ILAC involucra a 25 productores de la Cordillera Septentrional, de Los Amaceyes, Los Ventiunos, Arroyo del Toro y El Sitio. El plan entrena a campesinos en la modalidad agricultura orgánica para que aparte de cuidar la tierra, vivan de ella y se frene la mudanza a las ciudades.

En tiempos de cosecha, Misión ILAC paga el 50% del transporte de los productos a los mercados.

Regreso a la tierra
Carmelo forma parte de los 25 agricultores afiliados al Programa Producción Orgánica de Misión ILAC, entidad que desde 1989 ejecuta labores productivas, sanitarias y educativas en las comunidades de la Cordillera Septentrional.

Narciso Ferreiras, técnico y director comercial del plan, informó que los objetivos del proyecto orgánico son evitar el monicultivo, bajar el exceso de químicos en la siembra y frenar la migración del campesino a la franja pobre y hacinada de la ciudad.

Desde hace catorce años visita semanalmente a los productores de la cordillera, supervisa la labranza intercalada y les enseña cómo mimar la tierra con leguminosas para legarle nitrógeno y sembrar carreritas de puerro al lado del repollo.

El programa iniciado por el Centro de Educación para la Salud Integral (Misión ILAC), de la mano del jesuíta Ernesto Fernández, priorizó la formación de agricultores para abonar la conciencia en la conservación del suelo y potencializar la producción, de modo que puedan vivir de sus tierras. “Un producto orgánico es más sabroso que uno convencional. El repollo, tiene textura diferente y sabor más agradable.

En el vegetal se nota la diferencia”, expuso el técnico.

El guineo orgánico es más dulce que el químico, pues aparte de todo, lo maduran con carburo.

Narciso Ferreiras conoce los secretitos de la tierra, el sentir de los agricultores. Por falta de acreditación nacional e internacional los productores no cuentan con grandes mercados para vender los frutos del sudor y el campo. La falta de patente les impide entrar a las góndolas de supermercados.

En Santiago contaban con el mercado de Nibaje, ya desaparecido, y ahora venden raciones medianas al Mercado Ecológico en Santo Domingo, ubicado en el Mirador Sur. Allí, Clara Fernández compra tayota, repollo, lechuga, perejil, puerro grueso y fino; verduras y guineos, todo orgánico.

En Mao y otros municipios de la Línea Noroeste la producción orgánica de banano es casi nula. En las empresas de producción e importación, el fruto es fumigado hasta en las bañeras de empaque. Un ejemplo de éxito en agricultura orgánica es la producción de cacao impulsada desde el “chocolate orgánico” de Helados Bon.

Jesús Moreno, ejecutivo de la marca y presidente de la Fundación Loma de Quita Espuela, en San Francisco de Macorís, informó que a partir de un sabor de helado crearon un boom a favor de la agricultura orgánica en 1997. “La campaña ha sido tan valiosa que proyectamos el cacao orgánico y realizamos alianzas con otras instituciones como el Ejército para instalar viveros en la frontera.

National Geographic le hace campaña a nuestro país a través de ese movimiento”, dijo.

“Usted puede ser un héroe”, “Alimentos que reforestan” y “Por un mundo más sabroso” son lemas de diferentes períodos de esta iniciativa privada.

El veneno
Héctor García, especialista en fitotécnica y fitomejoramiento de la UASD, dijo que la salud preventiva va desde el suelo, siembra, cosecha y hasta el consumo de un producto sin veneno, la principal bondad de la agricultura orgánica. La protección del ambiente, es otra ventaja.

El proyecto legó a la comunidad un embalse de agua que debe ser reconstruído, tres literas de lombrices y apoyo de mercados locales. A su juicio, la población dominicana en vez de vegetales consume tóxicos: “Al fruto se le aplica veneno aún después de colectado en los medios de transporte, para evitar daños posteriores de plagas”.

(+) LA VIDA SENCILLA DE CARMEN Y CARMELO

Cuando la vecindad le dice “Bueno día, bueno día”, hace rato que Carmen Martínez está “alevantada”. Carmelo, su compañero de vida y almohada, se desacurruca al amanecer para bajar el camino pedregoso que da a la tierrita con que él “se embulla” al lado de su casa.

Como el día está frío, Carmen tiende la ropa en la galería, al lado del macetero de platanitos y los girasoles silvestres de su morada. Se ríe de todo. Y es capaz de prestar sus mejores tenis para que la visita no se enlode las zapatillas al bajar la empalizá.

Y Carmelo, ¿cómo la enamoró?. “Eso no se puede ni decí”, responde la “marida” del agricultor nacido en Gurabito de Yaroa en La Cumbre. La candela colorea el fogón de tierra. En lo que se ablanda el vívere de las doce, Carmen brinda un cafecito colado en el alma de aquella hilera montañosa que es la Cordillera Septentrional.

“Vengan para la casa”, ruega a la visita que prefiere quedarse escudriñando la cocina. “Me gusta trabajar la tierra. Ella es mi esposa, si no produzco no comemos”, conversa Carmelo desde la cuesta. En su casa, gracias a un panel solar, ven televisión y encienden par de bombillas. ¿Y los políticos? “No hay un rincón donde no suban a hablar sus mentiras”, soltó de golpe.

Arroyo del Toro, hogar de 62 familias está ubicada después de Carlos Díaz, la comunidad sepultada por los deslizamientos de tierra recientemente. Su gente no está incomunicada porque el Gobierno no ha detenido la construcción de la carretera, a cargo de ECOCISA.

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